ElDeDalt

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nostalgia

Recuerdo que cuando iba al colegio teníamos una tradición Navideña. Todos los años, preparamos una serie de villancicos para el último día de clase antes de las vacaciones de navidad. Este día, nosotros y todas las clases de primaria de la totalidad de escuelas de mi localidad, teníamos de ir a la plaza y cantar una serie de villancicos ante todos los familiares e interesados que pasaban por la plaza y que deseaban ver a los niños del pueblo reunidos cantando villancicos: dándole la bienvenida a las vacaciones navideñas.

Aquel día, toda la clase saltaba de alegría. Si la memoria no me falla, creo que esa tarde, nada más llegar al colegio, no nos daba tiempo ni de entrar a clase. Recuerdo estar impaciente, esperando que la maestra nos dijera: venga, ya podemos irnos a la plaza. ''Cada cual con su pareja. cogeros de las manos y no os soltéis, ¡¿de acuerdo?! Todos asentíamos sin escuchar nada, con ganas de marcharnos de camino a la plaza. Aquella actividad extra escolar resultaba ser el fruto de un largo periodo de ''entrenamiento''. De hecho, nos ocupábamos todas las horas de la asignatura de Música, además de varias horas de Tutoría y otras asignaturas, todo esto, solamente para preparar aquel día. Recuerdo qu al principio, esta actividad me la cogía con la mentalidad típica de cualquier niño pequeño: ¡no damos clase de matemáticas, que bien (podía ser de matemáticas o cualquier otra asignatura excepto Educación Física y Música, asignaturas de las cuales no me gustaba saltarme ninguna de las clases)! Pero, eso si, siempre nos la cogíamos con la ''seriedad'' que nos intentaban inculcar para que aquel día nos saliera bien (no pedían más; no lo podían hacer); tener todo el pueblo en la plaza viéndonos, aunque éramos pequeños nos provocaba un poco de respeto. Al final, después de semanas de preparación llegaba el gran día. Yo recuerdo que lo esperaba con mucha emoción, porque me gustaba innovar en la escuela, y estos días ''especiales'' me sacaban de la aburrida monotonía del libro, la libreta y la pizarra. Por esto, los valoraba muchísimo, porque cosas cómo aquellas no sucedían todos los días. Además, era el inicio de las vacaciones de Navidad, y por esto, era el inicio de una serie de días inolvidables. El más inolvidable, la noche de reyes, por supuesto. De este día podría escribir cien entradas con todas las emociones vividas, pero mejor las dejo para otro día.

De aquel día, me gustaría destacar lo siguiente: no sé como lo hacía, pero todos los años tenía la sensación de que había hecho mi trabajo perfectamente. En este punto, me debería preguntar si era porque los maestros y los padres eran muy mentirosos y me lo hacían creer, o porque en realidad lo hacía bien. En todo caso, si en realidad sólo me lo hacían creer, se lo agradeceré infinitamente. En realidad, ese creo que es el objetivo de nuestra infancia: aprender con las experiencias, y hacértelas ver de la forma más optimista posible, para cuando seas mayor, recordarlas trazando una sonrisa en tu cara. Hoy, he recordado aquellos tiempos y todo el que me rodeaba. Entonces, sin motivo aparente, he sonreído y he comprendido que mi infancia la he disfrutado en mi propia nube. Mis maestros del colegio, sabían que ya tendría tiempo para vivir en el mundo de las verdades.

Recordad, por unos instantes, vivencias de vuestra infancia. Si os invade una sonrisa, comprenderéis mi nostalgia y valoraréis a muchos profesores o a muchas personas, que hasta hoy habían pasado desapercibidas en vuestros recuerdos.

¡Un abrazo Tortugas!

La Tortuga de MN

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